Cirugía Plástica y Reparadora.
Laura Antonelli, la ausencia de malicia...
Cuando el tsunami erótico de la transición («la ola erótica que nos invade») se debatía qué era erotismo y qué pornografía. Para resolverlo se veían las películas de Laura Antonelli, definida por Salvatore Samperi -el director que la llevó al éxito- como «sexy, dulce, mezcla de ingenuidad y sensibilidad, con una expresión maternal sobre un cuerpo de vampiresa». Fue «La lozana andaluza» en una de las producciones nacionales que abrieron camino al subgénero pero, sobretodo, la sirvienta de «Malicia» con lencería negra sobre nalgas esféricas. Cuando se hizo famosa en España estrenaba sin parar por el ritmo en que se rodaban aquellas películas y porque cuando desapareció la censura ella ya tenía una parte de su filmografía hecha.
Sampieri hacía un cine erótico y «familista» en el que siempre hay un incesto ligero, directo o simbólico, y una mujer hecha y derecha que endereza (para) el sexo a un muchacho. En «Malicia» la acompañó el joven Alessandro Momo (repetirían reparto en 1974 en «Me gusta mi cuñada»). Era una comedia en la que un viudo con dos hijos contrata a una criada (Ángela) que excita a los tres, no se sabe si por provocadora o por servicial. Acaba casada con el viudo pero sin renunciar al hijo menor. La escena de ella en lo alto de una escalera causó estragos en los adolescentes de la época y en los que, sin serlo, descubrían lo que la adolescencia les había negado. Cuando todo eso llegó a España fue reforzado por las revistas de chicas de la época, «Interviú» a la cabeza. El desaparecido escritor Manuel Vázquez Montalbán era un rendido admirador de la belleza de una actriz recordada por «Dios mio, cómo he caído tan bajo», o «Casta y pura».
Después de las 21 películas que rodó en los setenta vino su declive a mediados de los ochenta pero todavía hizo 16 filmes hasta cerrar su carrera en 1992 en la secuela de «Malicia», para la que se sometió a varios operaciones de estética que acabaron desfigurándola y reclamando indemnizaciones en los Juzgados.
También de entonces es esta larga historia que se solventa ahora y que comenzó en una fiesta en la que había dispuesto para sus invitados un cáliz de plata con 24 gramos de cocaína. La Policía irrumpió en su casa llevándose a la actriz detenida. Tras un juicio rápido, fue acusada de un delito de tráfico de drogas y condenada a tres años y medio de cárcel. Sólo pasó unos días en prisión pero la experiencia la traumatizó y le provocó una depresión cuyas consecuencias aún arrastra.
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