No. No son tiros lo que estamos oyendo. Que nadie piense, ni siquiera los más pesimistas, que son siempre los que tienen más probabilidades de acertar, que el 'alto el fuego permanente' ha dejado de ser permanente para recuperar su ígnea condición. El ruido que estamos oyendo no es el de las 'parabellum', sino el de las ovaciones. Un estruendoso aplauso nacionalista suscitado por el ejemplo que acaba de dar al mundo Montenegro. Carod-Rovira confiesa que siente «sana envidia», cosa que nos congratula, ya que demuestra que tiene algo sano en su íntimo tejido orgánico, y Joseba Azcárraga confía en que más pronto o más tarde suceda lo mismo en su hermoso y ensangrentado ámbito. En cambio, el jefe de la Política Exterior de la UE, Javier Solana, no es de la misma opinión y en vez de hacer palmas por el resultado de la votación montenegrina, se hace cruces y asegura que comparar Montenegro con España es de «delirium tremens».

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