Hay que recapitular todo lo sucedido en las dos últimas semanas para entenderlo. Agosto se calentó al conocerse los desmesurados sueldos que cobraban los directivos de la Gerencia Municipal de Urbanismo, que controla Pacheco. Además, se supo que el extenso organigrama directivo de la GMU está plagado de personas relacionadas de un modo u otro con las cofradías de Jerez, sin que en muchos casos existiera una formación relacionada con el área que lo explicara. La explicación, naturalmente, está en controlar este importante núcleo de la sociedad jerezana.

Sin embargo, para muchos lo más grave no era lo que cobraran los cuadros altos, sino el aumento, a simple vista innecesario, de una plantilla muy bien pagada. Los pachequistas recordaron entonces las personas cercanas a Pilar Sánchez, muchas de ellas pertenecientes al partido, que han entrado en la plantilla del Ayuntamiento desde que ella cogió el bastón de mando. Por supuesto, ni en unos casos ni en otros la bolsa de trabajo, que en su día se creó como garante de la limpieza en las contrataciones, se movió lo más mínimo.

El asunto hubiera quedado ahí, como tantas cosas en Jerez, pero el siguiente golpe atacó a la línea de flotación del ala socialista del Gobierno. El delegado de Economía, el socialista Juan Manuel García Bermúdez, reconoció que había tenido problemas para pagar las nóminas de los más de 1.500 empleados municipales y que no sabía cómo abonaría no ya la próxima nómina, sino las exigencias de pago de la luz, los autobuses urbanos o la limpieza pública, cuyas empresas están cansadas de demoras y de una deuda que no para de crecer.

La ciudad se encontraba con que los socios habían abultado la plantilla municipal, que además la pagaban generosamente, pero que no tenían ni para los servicios más básicos. Esta bancarrota del Ayuntamiento, que se ha ganado a pulso tras muchos años de gastos descontrolados, pensaba ser solucionada por Pilar Sánchez a través de la mayor operación financiera realizada nunca por una administración pública andaluza. Se puso en marcha en octubre de 2005 y consistía en pedir a los bancos la exorbitante cifra de 350 millones de euros con el fin de poner el contador de la deuda a cero.

Tras muchos meses de negociaciones se consiguió el sí de los bancos, pero el mazazo vino pocos días después de saberse que no había para las nóminas: la Junta tensaba más la soga a los socialistas de Jerez y, a última hora, se negaba a dar el visto bueno. Fue el colmo. La propia Consejería de Economía no ocultó sus recelos.

No acabó ahí la cosa. Una filtración a la prensa permitió conocer el enfado de Unicaja con una maniobra de la alcaldesa por la cual destinó ingresos de la sociedad Xerez 21, a la que pertenece la entidad, para el pago a acreedores. Pacheco dijo que sospechaba que había habido irregularidades. ¿Para qué más? Indignada, la alcaldesa afirmó que el pacto era "insostenible", exigió a su socio que fuera a los tribunales a probar lo que decía y, como guinda, consideró que a Pacheco "se le ha pasado el arroz".

Ofendido por lo que el político andalucista entendió que era una alusión a su edad, Pacheco contestó con un juego de palabras, sobre liftings y operaciones de cirugía estética, destinado a quien estaba destinado. Sánchez contrarreplicó llamándole "machista" y, de paso, anunció que ya vería cuándo convocaba el pleno en el que se aprobaría el PGOU, una herramienta básica de Pacheco en su gestión y que además cuenta con una planificación programada en la que los principales promotores y operadores de suelo de la ciudad ya están estratégicamente situados en sus piezas. Es decir, mucho dinero en juego.

La fase final de la crisis se produjo el 31 de agosto, cuando apremiaba el pago de las nóminas y seguía sin haber dinero. Sánchez dio un golpe de efecto y avocó los poderes de Pacheco por unas horas, el tiempo suficiente para coger el dinero de la caja de la Gerencia de Urbanismo y hacer las transferencias. A continuación, le devolvió la 'firma' a Pacheco.

La caja de los truenos había estallado y Pacheco escogió para escenificarlo un acto en homenaje a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, que se celebraría El Alcázar, el mismo lugar en el que 70 años antes eran confinados los presos republicanos antes de darles el paseíllo. Pacheco acudió a ese acto para abandonarlo al poco rato calificándolo de "pantomima" y de acto partidista del PSOE. Fue una mañana triste. El discurso de la alcaldesa fue interrumpido por otros grupos que la acusaban de sacar rédito de la memoria y todo acabó como el rosario de la aurora.

48 horas después el secretario provincial del PSOE, Francisco González Cabaña, convocaba en Cádiz una rueda de prensa con Jerez como único tema del día para mostrar quién era el que tenía los designios del futuro del pacto: él. González Cabaña realizó una defensa del pacto –"firmaría mil iguales", llegó a decir– y de Pacheco, con el que se llegaría al final de la legislatura. Al fin y al cabo, ambos son de la misma generación y ya le entregó una vicepresidencia de la Diputación a costa del PA.

Cabaña censuró que Sánchez hubiera quitado la firma a Pacheco y anunció que el PGOU se aprobaría y que él pondría la fecha. Por último, le dedicó a su correligionaria una frase que sonaba a ultimátum: "Ella será la candidata a la alcaldía... si quiere serlo". De este modo, Sánchez salía de la crisis grogui y Pacheco reforzado por el partido de la alcaldesa, que entre los dos caminos que le ofreció Cabaña, irse o continuar siguiendo sus instrucciones, se decidió por el segundo.

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