Cirugía Plástica y Reparadora.
España: las cirugías plásticas se pagan en cuotas y se vuelven ......
"Comprar" una cirugía ya no requiere de grandes decisiones ni debates económicos. Al menos para las españolas que, con un nivel de vida estable y prejuicios en baja, las usan cada vez más.
Adriana Bordoy ya usó su ingreso estable para saldar el crédito de su auto, de modo que esta chica española de 24 años dio lo que, a su entender, era el siguiente paso lógico: se compró un par de siliconas mamarias.
Para ello, invirtió 5.000 euros financiados en cuotas mensuales de 100 euros. Pero ahora que el dolor ya pasó y que el miedo previo a la operación quedó atrás, está feliz con su inversión, sobre todo cuando va a la playa. "La cirugía plástica termina costando lo mismo que ir al gimnasio", dice. "Es como teñirte el pelo de rojo o algo así".
Bordoy integra la legión de mujeres españolas –cada vez mayor – decididas a mejorar quirúrgicamente su aspecto como si se tratara de una pasada por la peluquería . Con sus playas famosas por la abundancia de topless, y gracias a la facilidad de pagos y a una cultura post-Franco que derriba uno tras otro los tabúes sexuales, España se convirtió en la capital por excelencia de la cirugía plástica de Europa, un paraíso soleado de clínicas-spa que ofrecen de todo, desde dientes más blancos hasta un trasero prominente.
Los 900 cirujanos plásticos que tienen un certificado estatal en España realizan unos 500,000 procedimientos al año –más que en cualquier otra parte del continente, según el Dr. Javier de Benito, presidente de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (Isaps). La industria figura entre las cinco más importantes del mundo, junto con Estados Unidos, México, Argentina y Brasil, dijo. Los llamados "turistas de cirugía plástica" del norte de Europa viajan a Costa del Sol o a Costa Brava en busca de párpados o narices nuevas.
Las clínicas privadas de España, que inundan el país con avisos publicitarios que muestran caderas y muslos perfectos, emplean a la mayor concentración de cirujanos plásticos de Europa –2,1 cada 100.000 personas, comparado con el promedio de 1,6-, según el Dr. José Manuel Pérez-Macías, director de Secpre, la sociedad nacional de cirujanos plásticos. Y eso no incluye los aproximadamente 6.000 cirujanos plásticos que ejercen sin credenciales reconocidas por el Estado.
El país también es sede de la Corporación Dermoestética, conocida como la primera compañía de cirugía plástica de Europa que cotiza en Bolsa. Opera 46 clínicas solamente en España y, el año pasado, invirtió 16 millones de euros en publicidad. Cadenas más pequeñas están siguiendo su ejemplo.
No pueden competir en materia de precios con países como República Checa, Brasil y Sudáfrica, pero aún así atraen cada vez a más residentes y visitantes británicos. "Los británicos entienden los costos y sienten que es un poco de casa lejos de casa", dice David Mills, que abrió una clínica en Marbella en diciembre. La clínica promociona paquetes de cirugía con estadías en hoteles de lujo y consultas post-operatorias en Gran Bretaña. Pero la mayoría de los clientes son españoles –el paciente promedio de Dermoestética es una madre trabajadora española de 32 años-. Menos del 10% de los clientes son hombres.
Otros cirujanos mencionan estereotipos y patrones de consumo. "La mujer española invierte mucho en estética –peluquería, cremas, manicuría y depilación- y la extensión lógica es la cirugía plástica", dijo el Dr. Miguel Chamosa, representante español de Isaps.
La reciente riqueza y permisividad familiar en reacción a una era autoritaria bajo el Franquismo dieron lugar a una generación de mujeres jóvenes ansiosas por invertir dinero en lo que genere una "gratificación instantánea", ya sean zapatos o un busto más generoso, dijo Inés Alberdi, profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
La transición a la democracia coincidió con una revolución sexual en la que todo, desde la bikini escueta hasta la pornografía y la prostitución, estaba vinculado al progreso y la libertad. En este contexto, un implante mamario no es visto como una señal de rendición a los parámetros de belleza impuestos por los hombres, sino un ejercicio de libertad, dijo Ken Dubin de la Universidad Carlos III.
Begonia Pabón, 41, fue al Centro de Cirugía Serrano 76 en el barrio Salamanca de Madrid para "estirarse la piel", pero terminó haciéndose una cirugía para eliminar las bolsitas debajo de los ojos y levantarse los párpados caídos. Luego decidió engrosarse el labio superior. "Un día decidí hacérmelo y fui al quirófano apenas me consiguieron un turno", dijo. "Mi novio pensaba que estaba loca, pero después, cuando vio cómo me fue, dijo que estaba mucho más linda".
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