El presidente de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica Reconstructiva y Estética, Eduardo Villalón, explicó a La Nación que en teoría, la gran ventaja de este tipo de implantes es la menor posibilidad de encapsulamiento. “Es una posibilidad, no hay que descartarla, pero no existe ningún estudio científico que lo avale”.

Según explicó, hasta ahora las prótesis de silicona que se utilizan son una especie de gel de silicona recubierta por una bolsa de silicona o bien con una esponja de poliuretano. “En general han dado buenos resultados y las de poliuretano han demostrado tener mejor tolerancia y menor grado de contractura capsular”, dijo Villalón.

Por su parte, el titanio es uno de los materiales mejor tolerados por el cuerpo. No por nada la mayoría de los prótesis óseas y dentales son de titanio.

Dante González, Past Presidente de esta sociedad señaló que en este tipo de implantes, el titanio viene en forma de sal incorporado al polímero o eslástomero que cubre la prótesis de silicona. “La teoría es que el titanio, en el implante mamario puede tener menos grado de contractura capsular, pero es una cuestión que todavía hay que probar”, dijo.

Villalón agregó que “por el momento sólo se conocen estudios experimentales”. Además, al menos en el país, tampoco se sabe de algún laboratorio que esté comercializando estos productos. Es más, añadió que en el último congreso iberolatinoamerciano realizado en Buenos Aires, Argentina, hace poco más de un mes, se refirieron bastante a implantes pero no se mencionó a aquellos que contienen titanio.

Los primeros implantes que se comercializaron tenían un gran problema: el encapsulamiento. Entre un 50 ó 70% de estos implantes eran rechazados por el organismo que al considerarlos un cuerpo extraño, provocan alrededor una reacción cicatrizal anómala.

La membrana que recubre los implantes se endurece provocando desde un aumento en la consistencia mamaria hasta una contractura e incluso cambio la forma de la mama.

Hace veinte años, cuando se comenzó a masificar su uso, los implantes mamarios comenzaron a ser rellenados con gel de silicona para evitar fugas microscópicas del relleno. Comenzando la década de los 90 se impusieron los implantes con cubierta rugosa o texturizada y los encapsulamientos se redujeron a un 10%.

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