¿Quién puede negar que la juventud es la etapa donde se atesoran los sueños, se forjan los ideales, se templan los espíritus y, como si esto fuera poco, se consigue además trabajo? Los nuevos parámetros del mundo globalizado y altamente tecnificado así lo han dispuesto.

De modo que al hablar de los excluidos sociales no sólo se alude a los que están por debajo del índice de pobreza sino también a los que pasan el umbral de los cuarenta y tienen que hacer su inserción laboral en la sociedad. ¿A mayor capacitación, idoneidad y experiencia, menor oportunidad de conseguir trabajo si no se tiene la edad ideal?

Un interrogante más que se suma a los tantos que afloran en esta nueva Sociedad de la Información y del Conocimiento que, paradójicamente, pareciera no tener respuesta a la mayoría de ellos. Se busca cohesión social, competitividad, eficiencia, pero por otro lado, se tiende al individualismo, a la inoperancia y a la discriminación.

Si la nueva Reforma Educativa tiene como objetivo principal llevar a cabo la construcción de la identidad de las próximas generaciones ¿En qué valores se apoyará para cumplir esa meta? El vivir en una sociedad que se jacta de ser menos hipócrita, no significa que sea menos intransigente.

La ciencia y la tecnología han contribuido exitosamente en los avances de la cirugía estética, sin embargo aún no han podido conferirle al bisturí los poderes de una varita mágica que pueda alterar los números de un DNI demasiado manipulado.

Por esa razón Juventud, Divino tesoro, ¡¡¡construye tu porvenir antes de los cuarenta!!!

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