Además de una serie de publicaciones de lujo y múltiples eventos, “le conseguí un millón de euros al Gobierno de Chile. Yo desafío a que un agregado cultural de cualquier parte del mundo consiga un millón de euros”.

–Es que creen que cualquiera puede hacer una agregaduría cultural. A mí me gustaría que un agregado militar fuera cualquiera, no más.

En esos días declaró que no tenía presupuesto “ni para hacer cantar a unos huevones con guitarra”. “No dije guitarristas –puntualizó en otra entrevista–, sino huevones con guitarra”. Y el tema lo anima todavía.

En esas funciones conoció a Roberto Bolaño. Le llevaba empanadas chilenas a Blanes. “Le deben haber hecho mal”, dice, y su recuerdo incluye foto colectiva junto al mar. Al fondo casi se ve el club de yates donde tomaban café.

“La primera vez que fui a verlo a Blanes, desde acá uno decía [sonríe] cuidado con Bolaño, porque Bolaño muerde. Si yo te pudiera contar... él, de una cultura enorme, de una humanidad salvaje, de una llaneza pero brutal, cariñoso, amigable. Y eso que en España un señor que se llama Sánchez Dragó, lo más probable es que lo odie; también, Arturo Pérez-Reverte”.

“Era muy divertido él, cuestión de leerlo para ver que tenía mucho sentido del humor. Escribía y hablaba con sus amigos por teléfono, horas, horas, horas. Cuando estaba metido en ‘2666', pasaba noches enteras con café y cigarros, escribiendo como un poseso. Entonces, la única proximidad era el teléfono”.

“Yo nunca creí... Cuando me comunicaron [que había muerto], yo estaba aquí, filmando”. “Bueno...”, sale de otra torre de silencio.

“Imagínate que me hubieran dejado la cara de Brad Pitt o de Gonzalo Cáceres. Ahí la confusión sería de la gran puta”. Jung domina con delicadeza el arte del garabato.

En “Amnesia”, de Gonzalo Justiniano, fue un ex torturador. En “Coronación”, basada en la novela de José Donoso, Andrés Ávalos, un solterón perdido en el pasado, y en “Cachimba”, un borracho que cuida un museo fantasma. “Yo jamás he bebido”, aclara.

“Coronación” ganó 39 premios: es la película más premiada en la historia del cine chileno. Julio Jung fue elegido el mejor actor de los festivales de Huelva, La Habana, Cartagena de Indias y Biarritz. El crítico del diario “El País”, de Madrid, dijo que estaba “apoteósico”. Y con “Cachimba” también fue mejor actor en Huelva, Biarritz y Cartagena de Indias, el 2004 y el año pasado. Un ídolo.

Lanza sus triunfos como en el póquer y luego barre rápido los ases de la mesa. Además, la política lo llama, o él llama a la política. En el 2000 salía de la sede del Partido Socialista en Providencia produciendo él mismo (sacando de su bolsillo) una lluvia de papel picado. Era para una foto genial, que nadie tomó. Después se subió al primer auto de la caravana, recién elegido concejal.

Su eslogan de campaña fue “For ever, Jung”, y es por ese tipo de gestos que está en el inconsciente colectivo, “como una guagua gigante”, dice, porque le gusta ser regaloneado y preferido. Y ahora, a los 64 años, después de un intento fallido de colocarse, políticamente incorrecto, en el Parlamento como diputado –que era su aspiración– vuelve a escena.

–¡Pero es que sería bueno! Quién te dice si no hay una máquina del tiempo, sería fantástico.

–A ver. A los '30. No volvería al colegio, nunca más. Jamás. Nunca. No volvería a ser guagua, son muy huevonas las guaguas. Volvería a los '30, pero con todo lo que he aprendido.

–¿No te pesaría haber aprendido lo que has aprendido?

–Hasta Neruda dijo: nosotros los de entonces ya no somos los mismos. Hay muchos revolucionarios que ya no son los mismos.

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