Débora Catalán había sido derivada a la clínica de Senderowicz por la doctora Bonne para hacerse una liposucción. Los resultados de la autopsia revelaron que a la paciente se le habían inyectado «unas dosis tóxicas de anestesia», ya que contenía mepivacaína «en un nivel netamente tóxico», cuyo efecto se vio potenciado al mezclarse con lidocaína «en un nivel terapéutico moderado y tóxico elevado», lo que «aumentó o potenció el efecto tóxico, causándole la muerte».

Además de la anestesia en niveles tóxicos, el tribunal hace constar en la sentencia el testimonio «rotundo y tajante» del médico del 061, que explicó «de forma totalmente objetiva», que en la clínica había aparatos de reanimación fuera de servicio, además de que las maniobras de reanimación no se realizaron de la forma «correcta».

El juez también añade que el ahora condenado pretendía realizar una liposucción a Débora Catalán en «un lugar inadecuado» y «sin los medios precisos para hacer frente a una posible emergencia», por lo que resuelve que «actuó obviando los más elementales deberes de cuidado y prudencia exigidos».

En lo que respecta a la doctora Victoria Bonne, la sentencia notificada ayer es absolutoria porque «no se aprecia prueba con cargo suficiente» para entender acreditada su participación. Además, el juez dio validez absoluta a lo declarado por la médica en el juicio, donde su declaración fue contradictoria con la prestada en la intrucción de la causa.

En cualquier caso, la familia de la víctima ya ha anunciado que recurrrirá la sentencia por la absolución de Victoria Bonne, aunque una de las hermanas de la víctima se mostró satisfecha con el hecho de que es la primera vez que se condena a un médico por «imprudencia profesional y mala praxis» en el campo de la cirugía estética.

En idéntico sentido se manifestaron la abogada de la familia de la fallecida y el letrado de la acusación particular, ejercida por la Asociación Defensor del Paciente (Adepa).

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