TEXTO MANUEL M. CASCANTE CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. Puesto que había motivo para celebrar y dinero con que pagar la fiesta, el Gobierno de la Ciudad de México tenía listo un operativo especial de vialidad y vigilancia para garantizar que los ciudadanos disfrutasen con tranquilidad del partido y de la alegría posterior. Quienes más festejaron fueron los bares y restaurantes capitalinos, que hicieron buena caja durante y después del encuentro contra Angola. Lo cierto es que a la hostelería le resulta un buen negocio este campeonato. Las cadenas en abierto sólo transmiten uno -a los sumo, dos- de los tres partidos que se disputan cada jornada, y son millares los aficionados que siguen el Mundial a través de la televisión por satélite de pago que tienen instalados casi todos los establecimientos. De todas formas, si uno no quiere rascarse el bolsillo está la opción de mirar desde la acera (la banqueta, que dicen aquí), pues los establecimientos de comida corrida, el equivalente a nuestro menú del día, están abiertos hacia la calle. Y es que con el «tri» el país se paraliza. A los escolares incluso se les permitió ayer salir de clase una hora antes para poder disfrutar del choque (o eso aseguró mi ahijado.) Miles de aficionados vestidos con «la verde» se acercaron hasta el Ángel de la Independencia, en el céntrico Paseo de la Reforma, punto donde tradicionalmente se festejan los éxitos del equipo nacional, para presenciar el partido con pantallas gigantes. Poco importó esta vez que el emblemático monumento se encuentre en obras, pues el monolito que sostiene el dorado ángel está en pleno proceso de cirugía estética. habrá que esperar.

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